Los humanos son criaturas que emprenden gestas esforzadas por encontrar sentido a su existencia. Para la buena higiene mental es deseable que la historia que se dicen tenga consistencia con las creencias identitarias que cada uno se apropia, de tal forma que puedan poner en contexto sus propias desventuras y fortunas. El problema es que el universo parece indiferente a esta necesidad, y continuamente nos pone a prueba con sucesos que contradicen los sistemas de creencias que elevamos para dar respuesta al absurdo.
Meursault es un observador
neutral que se adapta para reconciliarse y aceptar cualquier circunstancia que
la vida le pone delante. No tiene impresiones fuertes, y parece ser indiferente
a sucesos significativos como la muerte de su madre y una declaración de amor.
Es alguien que se adapta a la experiencia de estar vivo con total desapego.
Yo veo la vida de este hombre, y
me da la impresión de que es un modelo de lo que el mundo espera de mí.
Pensando sobre el asunto, he hipotetizado que es posible alcanzar un estado similar
practicando mindfulness sin el peso de un sistema de valores concreto,
renunciando a la pretensión de encontrar significado en la vida, limitándome a
vivir cada experiencia intensamente, dulce o amarga, como forma de acercarse a
una aceptación radical de la realidad.
¿Cuál es el problema que yo le
veo a esto?
Antes que nada, me gustaría
reconocer que practicar el desapego de Meursault puede ser liberador espiritualmente
hablando. Sobre todo, cuando estamos hablando de soltar el peso de las
expectativas que nuestra mente proyecta sobre la realidad, más si somos controladores
de un ego desbordado.
También puede ser una prescripción
para aliviar el dolor de las desgracias personales y relacionarnos con cosas
que están fuera de nuestro control. Vivir como Meursault puede traer bienestar
psicológico. No cabe duda de que asumir la neutralidad ante la vida puede traducirse
en una elevada capacidad de adaptación ante adversidades que se salen de
nuestro propio control y, simultáneamente, ponernos en una disposición abierta
para deleitarse de la experiencia del presente. “En el fondo no existe alguna
idea a la que uno no concluya por acostumbrase” (Camus, 2023, p.87)
Entonces, ¿cuáles son los
problemas que veo a vivir como un extranjero?
Primero, no veo forma de que sea
compatible con mi carácter y forma de vivir. Soy una persona pasional,
continuamente cuestiono la realidad en busca de respuestas sobre lo que está
bien y mal, además, encuentro que en las cúspides de mi crecimiento personal y
los actos más fructíferos de mi vida han estado motivados por efusiones de
esperanza, un sentimiento que es incompatible con la actitud del señor Meursault,
él no anhela nada de la vida, todo le da igual.
Segundo, tiene un elevado costo
social; quizá lo más desagradable del asunto es que la neutralidad al estilo de
Meursault implica vivir sin un horizonte de valores comunes que orienten la
acción y el pensamiento, el protagonista de la novela expresa con sus actos una
rebelión frontal frente a las convenciones sociales. Su filosofía se ejemplifica en las sociedades
individualistas que vivimos actualmente, plagadas de mentes egoístas y
ensimismadas en sí mismas. Cada va uno va
andando como rueda suelta, indiferentes, intensamente absortos en la
experiencia personal.
Mi teoría es que la propuesta de Meursault
para enfrentarse a las vicisitudes de la vida aplicada cabalmente conduce a la
mediocridad y el aislamiento. Si vivimos como mundos separados, indiferentes a
los estímulos externos, sin un marco de entendimiento construido colectivamente
¿Cuál es propósito de esforzarse por alcanzar algo, si al final nos podemos a
adaptar a cualquier cosa? ¿Qué nos impide hacer lo que nos dé la gana con las
otras personas y el medio ambiente?
Bibliografía:
Camus, A. (2023). El
extranjero (1ª ed). Grupo Editorial Éxodo. ISBN 978-607-894-710-2

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