lunes, 13 de mayo de 2024

El lado oscuro de la personalidad de Golden Retriever

 




Una de las razas más populares de perro en todo el mundo es el Golden Retriever. De acuerdo con HouseholdQuotes.co.uk es la más buscada en Google en lugares como Canadá y varios países de Europa y Medio Oriente. Las características que contribuyen a su popularidad es que es un animal fácil de entrenar, inteligente y tiene un temperamento confiado y amable.

En las redes sociales ha cobrado fuerza una tendencia sosteniendo que hay novios con personalidad de Golden Retriever. Al igual que el perro, se dice que son criaturas dóciles y complacientes, cariñosos, de carácter alegre, con una disposición optimista y despreocupada frente a la vida. Evaden el conflicto, no se dejan arrebatar por la tristeza o la ira, a cada contratiempo lo saludan con una sonrisa benevolente.

Ser optimista podría ser un atributo deseable en el ámbito romántico: investigadores de la Universidad del Estado Michigan y de la Universidad de California Davis encontraron que las personas optimistas afrontan las dificultades y los desacuerdos que se presentan al interior de su relación con disposición cooperativa, esta inclinación para resolver problemas incrementaría su satisfacción con la unión romántica.

No obstante, hay varios aspectos problemáticos de la caracterización de Golden Retriever, de encasillar a las personas bajo la sombra de esta etiqueta totalizante y proyectar fantasías frente a las personas que se relaciona asumiendo que es deseable comportarse en cualquier circunstancia con las actitudes que se atribuyen a ese perro.

El más obvio es que los seres humanos somos seres heterogéneos, hay una verdad profunda en eso que dicen las mamás “no hay nadie como tú”. No hay dos personas exactamente iguales, aunque haya unos que comportan rasgos de personalidad como amabilidad, complacencia y optimismo en cada cual se expresa con singularidad, y tienen particularidades que los diferencian de la etiqueta perruna. Además, no hay nadie, por más Golden Retriever que parezca, que en algún momento no lo haya dominado la ira y la tristeza o sentido conflicto frente a circunstancias de su vida. Proyectar estas expectativas en la gente significa imponerles una obligación onerosa desconociendo las complejidades de la condición humana.

Esta perogrullada nos conduce al segundo punto, se quiera o no, la ira, la tristeza y el conflicto son condiciones necesarias de la vida.

La ira es una emoción de connotaciones sociales contradictorias. Las mujeres, incluso hoy, cargan con el pesado fardo de ser consideradas mandonas e histéricas cuando expresan enfado, a lo largo de la historia en diversos contextos se les ha inculcado desde su crianza que deben reprimir la ira. A los hombres, al contrario, por largo tiempo se les ha grabado en su conciencia la idea de la ira como rasgo distintivo de la masculinidad; la expresión de otras emociones acarrea sanción social, prueba de ello es que los varones que comunican sentimientos de tristeza o miedo son considerados a menudo personas de carácter débil.

Hay quienes han sugerido que la respuesta adecuada a este patrón masculino es incentivar a que los hombres repriman su ira. Es cierto que las manifestaciones desaforadas de enfado, sobre todo cuando se exteriorizan con violencia, pueden lastimar a otras personas o estropear las relaciones que cultivamos con ellas.

Pero reprimir las emociones es inefectivo, y más veces que otras conduce a la frustración, es como sumergir una pelota bajo el agua, tarde o temprano sale a la superficie impulsada con más fuerza. Además, la ira tiene un propósito, como el resto de las emociones, es un mecanismo de señalización y adaptación al ambiente. Lo que indica a menudo es la necesidad de imponer límites a otros cuando se sobrepasan o actúan con injusticia, no parece sensato ignorarla o reprimirla en un acto irreflexivo con el único objetivo de complacer a otra persona.

Una respuesta más adecuada es reflexionar frente a los desencadenadores de la ira, intentar entender qué dice sobre nosotros mismos y el entorno en el que nos relacionamos, y claro, es sensato regular la emoción cuando su intensidad motive actos impulsivos, hay diversos métodos para hacerlo, aquellos que han mostrado mayor efectividad en mi caso han sido la meditación, exposición al agua fría, técnicas de respiración y acción opuesta. Hice un post explicando en detalle acción opuesta, mi plan es escribir más entradas en el futuro explicado los otros métodos.

Quizá por el malestar que produce se tiende a rehuir de la tristeza asumiendo que nada bueno se desprende de ella. Tampoco es sabio ocultarla bajo un tapete, esta emoción es el punto inicial en el proceso de aceptación de la realidad cuando esta nos asesta golpes punzantes, la tristeza cumple la función de incitar a una reflexión dirigida a identificar los factores internos y externos causante del malestar psicológico, cuando no está enmarcada en un contexto paralizante como la depresión, puede ser un insumo para transformar circunstancias originarias del dolor o adaptarse cuando no es posible cambiarlas. Además, socialmente contribuye a establecer lazos más profundos y dirigir soporte y empatía hacia aquellos que enfrentan situaciones difíciles.

Aquellos que se niegan la confrontación en cualquier circunstancia cimentan una existencia apática. Sin la tensión que produce el conflicto no hay forma de producir cambios en la vida. Cuando la conciencia se inspira de valores y propósitos que dotan de significado la existencia el conflicto es una poderosa corriente que impulsa al crecimiento personal incluso cuando se cruza caminos pedregosos y empinados. Viktor Frankl lo pone en los siguientes términos en El hombre en busca de sentido: Considero erróneo y peligroso para la psicohigiene dar por supuesto que el hombre necesita, ante todo, equilibrio interior o, como se denomina en biología, homeostasis: un estado sin tensiones, en equilibrio biológico interno. Lo que el hombre necesita no es vivir sin tensión, sino esforzarse y luchar por una meta que merezca la pena. Vivir sin tensión a cualquier precio no es un proceder psicohigiénico; beneficia más sentir el apremio de un deber o de la urgencia de una misión por cumplir”.

La etiqueta de Golden Retriever es una manifestación de positivismo tóxico, desconoce aspectos esenciales de la naturaleza humana. No tiene sentido que el afán de complacer lleve a las personas a desconocer sus respuestas emocionales básicas  y negarse a confrontar a otros cuando se traduce en transformaciones provechosas para la vida.

2 comentarios:

  1. Gracias por compartir esta reflexión, cuestionarnos los estereotipos existenes en cuanto a la gestión emocional es necesario para avanzar en el camino del autoconocimiento.

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    1. ¡Gracias por leer Luisa! Concuerdo con su comentario

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