Según la encuesta publicada por la firma GFK, Keiko Fujimori va a ganar las próximas elecciones presidenciales en Perú: un 34,6 % de los peruanos se decantarían por ella. Su rival más cercano, el economista Julio Guzmán, quien fue descalificado esta semana por el Jurado Nacional Electoral “por irregularidades en la inscripción de su candidatura” y está a la espera de la resolución de un recurso extraordinario en su amparo, apenas alcanza el 16,6%. El resto de los candidatos no supera el 10 %, presumiblemente aumentaran unos cuantos puntos tras la caída en desgracia de Guzmán, sin embargo podría no ser suficiente, en todas las proyecciones son derrotados por Keiko, candidata del partido Fuerza Popular. El panorama que muestran otras encuestas (DATUM, CIT, IDICE) retrata un panorama similar.
Parece mentira, la heredera política de Alberto Fujimori está a la cabeza en las preferencias de los electores del Perú.
A la sombra de su padre.
El fantasma de Alberto Fujimori sigue rondando en el Perú. La justicia lo encontró autor intelectual de una serie de masacres civiles perpetradas por las fuerzas armadas y grupos paramilitares entre las que se encuentran la de Barrios Altos y la de la Universidad de la Cantuta, además del asesinato de Mariela Barreta, una agente del servicio de inteligencia que fue torturada y descuartizada según la Fiscalía peruana como una represalia por filtrar información a la prensa sobre las fechorías que estaba cometiendo el gobierno. Alberto Fujimori fue condenado a 25 años de prisión por estos y otros crímenes.
La lista de los pecados de su dictadura se extiende más allá de las violaciones de derechos humanos; está ampliamente documentada la corrupción del régimen fujimorista, una de las más escandalosas en tiempos recientes: manipuló la agencia recaudadora de impuestos para beneficiar a sus adeptos y acosar las empresas de sus enemigos políticos, sustituyó los jueces titulares por una camarilla de provisionales encubridores de sus abusos, persiguió la prensa independiente interviniendo medios de comunicación, y por medio de su asesor, Vladimiro Montesinos, sobornó vastos estamentos de la sociedad peruana entre los que se encontraban congresistas, empresarios, opositores políticos, sacerdotes y militares. Al parecer Montesinos grabó cada soborno con el objetivo de granjearse la lealtad de los implicados por medio del chantaje; paradójicamente, uno de estos videos se filtró a los medios, y como resultado, el régimen experimentó una vertiginosa caída. Al final, según estimaciones Transparencia Internacional, el desfalco del gobierno de Fujimori ascendió a 600 millones de dólares.
El éxito del fujimorismo
Es difícil de creer, pero a pesar de su legado sanguinolento y corrupto, la base de sus seguidores actuales es amplia: un buen segmento de la población de mediana y tercera edad le reconoce los golpes que le propinó al grupo terrorista Sendero Luminoso, una agrupación guerrillera de orientación maoísta, que en los años ochenta sembró caos y destrucción en el Perú.
Por otra parte, es clave tener en cuenta que en la mentalidad del elector fujimorista valores abstractos como la democracia, la legalidad y los derechos humanos no son relevantes, o están relegados a un segundo plano. Entre Fujimori y sus votantes se constituyó una relación clientelar basada en el intercambio de favores. Él implementó una política asistencialista, una especie de caridad pública, traducida en la entrega subsidios y auxilios atados al respaldo político. A pesar del crecimiento económico que ha experimentado el Perú en los últimos años, los gobiernos que siguieron al Fujimori han sido incapaces de reducir la brecha entre los ricos y pobres, y dejar de lado esa deleznable práctica política de utilizar el estado como un instrumento de compra de voluntades. Ahí radica el éxito del fenómeno fujimorista.
Keiko Fujimori nunca ha renegado del gobierno de su padre, por el contrario, asumió el liderazgo de su movimiento cuando él fue condenado a prisión. Es más, ha exigido reiteradamente la liberación de su progenitor por motivos humanitarios. Según la candidata presidencial la condena a Alberto Fujimori fue “política y motivada por el odio”.
¿Pasará lo mismo que en 2011?
Las elecciones de 2011 estuvieron marcadas por la polarización. En la segunda vuelta se enfrentaron Ollanta Humala, quien fue catalogado como un chavista por la prensa en el contexto de esa elección, y Keiko Fujimori.
Al Final, el actual presidente consiguió la adhesión a su campaña de un nutrido grupo de intelectuales (entre los que se encontraba el Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa) alarmados ante la posibilidad del retorno del fujimorismo al poder, con la condición de que respetara las garantías democráticas y el libre mercado.
Keiko aprendió una lección que aplicó a los presentes comicios: retiró de su lista del congreso a los candidatos más impresentables del fujimorismo, además ha moderado en cierta forma su discurso sobre los crímenes del gobierno de su padre, concediendo que “se cometieron errores”.
Empero, hay serios indicios que permiten pensar que estas maniobras son meramente un giro discursivo para convencer a la opinión de que no cometerá las mismas faltas que su padre, pero nada más. Personal de su campaña ha repartido comida y electrodomésticos en los barrios populares. Además no ha renegado realmente las políticas nefastas de su padre, pues ha achacado “los errores” a manzanas podridas.
Aún falta un mes para que se celebre la primera vuelta, en el transcurso de las semanas se verá si alguno de los candidatos puede desafiar el inmenso poder que ha conseguido amasar Keiko Fujimori, en buena medida, gracias al legado de papá.
Publicado originalmente en Revista CiudadBlanca
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domingo, 13 de marzo de 2016
lunes, 15 de febrero de 2016
Abucheos
Rosa Diez, política española de inclinación liberal, preveía por los informes de sus colaboradores un público marcadamente hostil y receloso en la conferencia que habría de dictar a mediados de octubre de 2010 en la Facultad de Ciencias Políticas de la universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, el desaire del que fuera víctima no fue precisamente un sabotaje tradicional. Organizado por una asociación estudiantil de izquierda de dicha universidad, además de las recriminaciones típicas, de las consignas anacrónicas y reaccionarias, el boicot tendría un toque distintivo de teatralidad ¿Habría asistido en realidad de haber sabido la burla que tendría que afrontar?
En un principio el escrache se ajustaba a la norma: había un par de carteles reclamando “fuera fascistas de la universidad” y puñados de muchachos arremolinados en torno a los pasillos gritando y dando rechiflas. Pero a la señal de Pablo Iglesias (en ese entonces profesor de la universidad, ahora líder político polémico y ampliamente reconocido) una de las asistentes a la conferencia se levantó de su asiento e hizo gestos al resto del auditorio para que ejecutara la pantomima antes de que Rosa Diez tuviera oportunidad de pronunciar palabra: cerca del 80% de los asistentes se incorporaron de sus butacas con un tarjeta roja, a continuación un par de ellos leyeron un breve manifiesto por medio del cual rechazaban el “oportunismo” de la política, luego de lo cual salieron del auditorio profiriendo chiflidos. Terminada esta rocambolesca presentación, la conferencia finalmente se llevó a cabo, a pesar de que fue interrumpida en cuatro ocasiones más por una inesperada alarma de incendios, según el diario El País de Madrid.
Cuando conocí de este incidente me resultó inevitable hacer una asociación con varios episodios que he vivido en el transcurso de mis años de estudio en la Universidad Nacional de Colombia. Hay uno que seguramente recordará el lector, en vista de que sucedió hace unas dos semanas: El 28 de enero de este año, el presidente Juan Manuel Santos asombró dando un discurso de bienvenida en el auditorio León de Greiff a los estudiantes que ingresaban este semestre a la Universidad Nacional: en él habló de la paz, entre muchos otros temas; fue una grata sorpresa ver a un presidente dándole la cara a los estudiantes, ya que la Universidad Nacional se había convertido en un espacio vedado para los políticos y líderes de opinión del país.
La razón es apenas obvia: dentro de esta institución existe un grupo de reaccionarios que se ha apoderado de los espacios que sirven para ventilar los asuntos que interesan a la comunidad universitaria; valiéndose de la intimidación provocada por los gritos y las rechiflas, logran imponer su agenda pese a ser una minoría. En medio de su delirio parecen estar convencidos de que debatir con ellos consiste en tener la disposición de escuchar sus arengas vacuas y estridentes sin tener la posibilidad de interpelarlos.
Las personalidades públicas han entendido que no vale la pena conferenciar en la universidad pública más grande del país en vista de que los espacios han sido cooptados por un grupo que no está calificado para participar en un dialogo constructivo. Por eso es que la visita de Juan Manuel Santos fue muy bien vista por un amplio de grupo de profesores y estudiantes esperanzados con la idea de que la Universidad Nacional sea en un futuro cercano, espacio privilegiado para desarrollar los debates que interesan al país.
Infortunadamente, la noticia el 28 de enero se opacó por la actuación de una estudiante que lo interpeló grotescamente por cerca de cuatro minutos. En su alegato caótico, trajo a colación temas tan dispares como el TLC, el paro agrario, la educación, el salario mínimo y la venta de ISAGEN, y se centró más en descalificar a Juan Manuel Santos que en desarrollar un argumento sólido que pudiera controvertir el discurso del presidente, además de azuzar al público a la gritería y al desorden con clichés como “usted se equivoca presidente, esta no es de las mejores universidades, es la mejor universidad del país”.
¿Estarán dispuestos los necios que se han decantado por las arengas y los abucheos a cambiar de mentalidad, o por lo menos, de actitud? Yo pertenezco a esa legión de seducidos que creen que la Universidad Nacional es el foro ideal para el acuerdo sobre el disenso. Así no más, sin quites ni dilaciones, pero con el profundo respeto por el contradictor.
*Publicado originalmente en Revista CiudadBlanca
martes, 3 de agosto de 2010
No a la prohibición de las corridas de toros
Fuente de imagen: http://mirartegaleria.blogspot.com/2012/10/arte-oleo-corridas-toros.html
De la tauromaquia siempre he despreciado la locuacidad de sus comentaristas, que en un vano intento de infundir brillo a una práctica desagradable ataviado sus reportajes con adjetivos, expresiones y verbos estridentes (para la muestra: consumado maestro, veroniquear, acular, amorcillado, mansurrón, toraco, toro maricón ( etc.. [www.ganaderoslidia.com/webroot/diccionario.htm]) sólo logran despertar sentimientos de animadversión entre los que no simpatizan con las corridas de toros
Por supuesto que también me afecta profundamente el sufrimiento del animal, su expresión desconcertada por la algarabía y las laceraciones, el publico gritando jubiloso mientras el toro se bate sangriento en inferioridad de condiciones, la tortura extrema a la que es sometido en algunos antros con el fin de reducirlo (pinchazos, limadura de cachos, vaselina en los ojos etc.) y muchos más vejámenes.
Pero me incomoda aún más la copiosa charlatanería de actorcitas(os), modelos y todo tipo de personalidades, que valiéndose de su notoriedad arremeten furiosos contra las instituciones y políticos que se niegan a prohibir la “la fiesta brava” (ingenuos ellos al creer alcanzar con esto la magnanimidad) con varios argumentos que serán rebatidos a continuación.
- Muerte del toro: Los toros no son consientes de la muerte, sufren por el estrés y los vejámenes de los que he hablado pero la muerte no es un perjuicio adicional, porque no pueden concebirla, a diferencia de los seres humanos.
He podido percibir gracias a la menuda pero sustanciosa investigación que he realizado antes de plasmar mis ideas en esta disertación es que en las corridas de toros tienden a considerarse más reprochables moralmente cuando el bóvido muere. Por eso las corridas de toros en California (Estados Unidos) o Portugal (sí, el toro es instrumental pero sin ser sacrificado) no son criticadas con tanto delirio, y es noticia cuando algún toro es “indultado” por los atributos mostrados es una faena o cuando es rechazado por no estar en condiciones de enfrentarla; esta concepción inherente a los seres humanos es un tanto simplista porque no tiene en cuenta que todo organismo es perecedero y que lo quede de él está destinado a alimentar la naturaleza. Ni los depredadores, que tras haber cumplido su ciclo vital mueren por inanición o/y consumidos por infecciones producto de enfrentamientos con la competencia, en ambos casos microorganismos se encargar de descomponerlos para que su materia pueda ser reutilizada en complejo proceso denominado vida.
Alguna vez un amigo mío (al que le reservo la condición anónima) se manifestó enajenado por la dignidad y altanería con la que el toro de lidia afrontaba su muerte; después de una pausa solemne, exigió indignado la liberación de estos preciosos animales. Yo, ante la vehemencia de su llamado y la ignorancia del tema no pude hacer otra cosa que sumarme a su moción; Ahora, un poco menos romántico y más curtido en las paradojas de la selección artificial (es una técnica que ha utilizado la humanidad para inducir modificaciones genéticas sobre otros seres vivos para potencializar las características que le resultan provechosas. A los interesados les recomiendo este video de uno de mis héroes de la adolescencia en que la explica con lujo de detalles http://www.youtube.com/watch?v=0WRrDO4vDOQ) puedo responderle que lamentablemente las posibilidades de supervivencia de los toros de lidia en libertad son muy remotas: Hace más o menos tres siglos el hombre domesticó a especies de toros autóctonas de España con el fin de utilizarlos comercialmente; apoyaron las variaciones que resultan beneficiosas para el espectáculo; pese que a diferencia de otros animales domésticos (donde se privilegió la capacidad para ser explotados en la industria alimentaria), se seleccionaron como sementales los semovientes con astas grandes y hacia delante, potente aparato locomotor además de atributos temperamentales como la “bravura”, estos animales probablemente no podrían ser integrados a algún ecosistema. Fuera de que han sido desnaturalizados (hasta la corrida el toro de lidia vive despreocupado, sin necesidad de buscar alimento o cuidarse de depredadores) los ecosistemas naturales de sus ascendientes han sido trastornados por el hombre. Ya que no sería rentable aprovecharlo en industria alimentaria, pues su manutención es demasiado costosa, acabar con las corridas supondría su desaparición (salvo que algunos zoológicos o particulares estuvieran interesados en conservarlo como una rareza)
- Toreo- cruel, salvaje y sangriento: este argumento puede ser resumido brevemente con un silogismo al estilo de Aristóteles tarareado en muchos foros:
La crueldad es mala,
Las corridas son crueles,
Por tanto, las corridas son malas.
Las corridas son crueles,
Por tanto, las corridas son malas.
Para empezar, la definición de crueldad es casi tan ambigua como la de la paz ¿Qué es crueldad? La RAE dice: “Inhumanidad, fiereza de ánimo, impiedad” WORLDREFERENCE dice: “falta de compasión hacia el sufrimiento ajeno”; habrán podido percatarse ustedes que son dos concepciones chocan entre sí y con infinidad de diferentes proposiciones que no será necesario resaltar aquí. Obviamente la de WOLRDREFERENCE se sintoniza más con las airadas protestas de los antitaurinos, supongamos que es la más objetiva y descartemos la de la RAE por antropocéntrica y conservadora, pues la definición de humanidad de la RAE reza así “sensibilidad, compasión de las desgracias de nuestros semejantes” de modo que solo mamíferos como los elefantes o los simpáticos ñus estarían exentos de crueldad. Para demostrar, queridos (as) lectores que la definición por nosotros adoptada también es antropocéntrica bastara con traerles algunos ejemplos del mundo animal: el primero el de las orcas. El otro día, he de confesarlo, soy un vagabundo sin oficio, veía en la National Geographic un antología de imágenes y videos impresionantes (en este canal y en el Discovery ahora solo pasan basura). Después de un video en el que un tipo que se creía Tarzán escalaba un peñasco, mostraban otro en el que una atormentada foca resistía en un casquete de hielo el asedio de 4 o 5 orcas capitaneadas por su madre. La habrían podido devorar en cualquier momento, sin embargo, las orcas jugaban con el pinnípedo, dejándolo escapar cuando se les antojaba aprovechando su juguete para practicar tácticas de caza; al final, agotadas por la faena, devoraron a la pobre foca. ¿Significa esto que las orcas son animales malos por su innegable crueldad?¿Deberíamos nosotros darle un lección a la orca con grado de capitán para que muestre compostura ante sus vástagos? ¿O es que acaso lo que hacían las incomprendidas orcas era sacar provecho de su prodigiosa inteligencia, producto de la selección natural, y usar este “cruel” juego para perfeccionar su efectividad y no tener que pasar apuros en épocas de vacas flacas?. Ehh? Por si no es suficiente, traeré un segundo ejemplo, más triste sin duda, en el que un hambriento oso polar devoró a un tierno osezno abandonado por su madre. El oso polar no sabe del calentamiento global, pero si percibe la reducción de sus espacios y la disminución de las alternativas alimenticias por lo cual acude al canibalismo para garantizar las grasas que necesita para no morir de frio. El canibalismo, no es un tabú para los osos polares, pero una súbita irrupción de la madre habría significado para el hambriento cazador un enfrentamiento en el que posiblemente habría sufrido pérdidas.
Otro tipo de epítetos (salvaje, bestial, sangriento, asesino por no hablar de otros más denigrantes) usados por los taurófobos para descalificar a los que consideran legitimas las corridas de toros podrían ser analizados por el lector a luz de un proceso sistemático, para que concluyera por sí mismo si son antropocéntricos y superficiales o no lo son. Está bien, pasemos por alto el problema semántico (me apenaría que pensaran que soy demasiado formalista). La crueldad no solo se define de diferentes maneras sino que también se percibí diferentemente aun suponiendo que solo se tenga como referencia una definición : (1)me repugnan los toros por la crueldad del espectáculo, (2)pero un joven amigo tal vez mes guapo podría decir que los toros no son crueles porque han sido criados artificialmente para morir en la lucha y (3) una nena especialista en el tema lo admitiría, evidentemente las corridas de toros son crueles, pero para ella este espectáculo es una fuente de éxtasis en que valores importantes para ella como la valentía y la generosidad alcanzan su máxima expresión. Sigo identificándome con la posición (1) sin embargo, estamos en una sociedad democrática y es menester ser tolerantes, discutir respetuosamente y estar abiertos a nuevas ideas.
- El sacrificio del toro es pura vanidad, los sacrificios de otros animales se hacen con el fin de satisfacer necesidades alimentarias: Un estudio del director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Carlos Illera, afirma que el toro de lidia es un animal con unas reacciones hormonales extraordinarias que le facilitan bloquear los receptores de dolor; él concluye que el toro no sufre tanto en la corrida como se piensa. Una Doctora en Medicina. Especialista en Medicina Física y Rehabilitación, de la misma universidad, Susana Muñoz Laza, cuestiona el estudio por no haber sido publicado en alguna revista científica, y porque según ella, de presentarse, el caso del toro seria inédito porque el dolor es imprescindible en los seres vivos pues es el mecanismo que les permite mantenerse alerta en situaciones de peligro. Las dos posiciones están disponibles en internet: http://revistas.ucm.es/vet/19882688/articulos/RCCV0707330001A.PDF http://www.animanaturalis.org/p/1235. Pero coinciden en que: para el ganado (esto también incluye al toro de lidia) resulta sumamente traumático ser transportados en automotores (para el doctor Illera este proceso, visto como algo natural por algunos taurófobos, resulta inclusive más angustioso que la misma corrida) entonces ¿porqué no se realizan cruzadas internacionales para que la humanidad cese esta forma de tortura de manera definitiva? ¿y quién va a velar por las langostas, por los cerdos y pollos hacinados en granjas mugrosas, por los pulpos que mueren machacados por las muelas de solemnes japoneses y por la inagotable cantidad de animales con un sistema nervioso lo suficientemente sofisticado como para sentir dolor que son sometidos por el hombre a muertes tortuosas? Habrá muchos en este punto que contesten inconscientes de su hipocresía que es distinto matar animales para poder sobrevivir a matarlos para regocijarse. Se dice que la carne es indispensable por la cantidad de hierro y proteínas que aporta al organismo: sin embargo, para fortuna de los veganos (personas que por distintas razones se oponen al consumo de carne y todo producto derivado de animales en condiciones tortuosas) investigaciones recientes han revelado que dietas absolutamente vegetarianas son muy saludables si son planificadas (en el caso colombiano una combinación apropiada de la enorme variedad de frutos secos, cereales y legumbres con las que contamos sería suficiente). ¿Por qué negarlo? Comemos carne porque se nos antoja, seducidos por su sabor o simplemente el peso de la costumbre, sin interesarnos del proceso que sufrió el animal antes ser servido en el plato; Mario Vargas Llosa, unas celebridades que se complace con corridas de toros comentó en algunas de sus columnas “…para quien goza con una extraordinaria faena, los toros representan una forma de alimento espiritual y emotivo tan intenso y enriquecedor como un concierto de Beethoven, una comedia de Shakespeare o un poema de Vallejo. Que, para saber que esto era cierto, no era indispensable asistir a una corrida. Bastaba con leer los poemas y los textos que los toros y los toreros habían inspirado a grandes poetas, como Lorca y Alberti, y ver los cuadros en que pintores como Goya o Picasso habían inmortalizado el arte del toreo, para advertir que para muchas, muchísimas personas, la fiesta de los toros es algo más complejo y sutil que un deporte, un espectáculo que tiene algo de danza y de pintura, de teatro y poesía, en el que la valentía, la destreza, la intuición, la gracia, la elegancia y la cercanía de la muerte se combinan para representar la condición humana.” (la columna está disponible en internet http://elcomercio.pe/noticia/463693/columna-vargas-llosa-torear-otras-maldades) De modo que comer pescado y ver corridas de toros serian dos formas de insustancialidad que tienen como fin satisfacer los deseos humanos con la tortura de animales capaces de sentir dolor. En el caso de que tenga el lector la coherencia y voluntad de los veganos comprenderá, si sus motivos son éticos o religiosos, que la prohibición no es una alternativa porque esto supondría imponer una consideración moral producto de un sistema de valores particular sobre una minoría significativa de ciudadanos a la que seguramente le resulta ajeno dicho sistema de valores.
- Porque los buenos somos más: Los antitaurinos arguyen que las corridas de toros son antidemocráticas porque la mayoría las personas se oponen a ellas no obstante son legales. En un sondeo de Caracol Radio el 78 por ciento de los encuestados aseguró estar en contra de las corridas de toros. Sí, evidentemente menos personas se complacen al ver las corridas, pero lo que no entienden los antitaurinos es que en la democracia liberal (la forma de gobierno que rige en los países donde se ha presentado la polémica relacionada con la prohibición de las corridas [Colombia, España entre otros]) las decisiones políticas están sujetas a un marco legal que garantiza la protección de los derechos y las libertades individuales; esto para fomentar un ambiente en el que prime la tolerancia y el pluralismo, donde divergentes posiciones culturales e ideológicas puedan convivir en armonía. La reciente decisión del parlamento catalán de prohibir las corridas de toros no puede entenderse como un manifiesto en defensa de los animales sino más bien como una protesta por la decisión del Tribunal Constitucional Español de reformar el estatuto de Cataluña. Prueba de ello es que el correbous (que no es precisamente un espectáculo antitaurino) podrá celebrase sin ningún impedimento (video de correbous: http://www.youtube.com/watch?v=jLH5VzwaDM8)
Esta tendencia tiránica, que busca limitar las libertades individuales basándose en efímeras declaraciones de subjetividad, me recuerda la lúgubre naturaleza totalitaria de muchos medios masivos de comunicación que se alimentan de azuzar el miedo de la grey irreflexiva. En Colombia hay ejemplos de sobra: como cuando millones de colombianos marcharon un cuatro de febrero manifestar para manifestar rechazo a la sevicia de un grupo narcotraficantes y terroristas; hasta ahí todo bien, muy bonito, son fundamentales en las sociedades este tipo de procesos en los que la conciencia colectiva rechaza actores, instituciones o procedimientos que atentan contra ella. El problema surgió cuando la grey azuzada por los principales medios masivos de comunicación, acorraló a algunos señores de la izquierda (los memos pragmáticos) que consideraban que la marcha era una manifestación de odio y que buscaba favorecer electoralmente al presidente Uribe. Para mí la marcha es un hecho imprescindible que contribuirá a que las futuras generaciones rechacen ciertas formas de violencia, sin embargo, la posición de los izquierdosos es legítima y debe ser respetada, y para los que se les antoje tal vez escuchada, refutada o posiblemente convencerse de su conveniencia. Algo similar sucedió hace algunos días con doña Ingrid Betancourt, a quien se le ocurrió demandar al estado colombiano por considerar que el estado colombiano compartía responsabilidad en su secuestro. En esta ocasión fue casi unánime el rechazo del país a su petición. Desde Uribistas consagrados (quienes después de su liberación la consideraban un paladín de la libertad pero al enterarse de sus pretensiones se lanzaron a guisa de filosos puñales sobre ella) hasta acérrimos enemigos de la burguesía (creo yo como una forma de desquitarse por el desconcierto que les había producido sus declaraciones después de ser liberada por el ejército) coincidieron en que era una “avivata”, apátrida, malabarista, doble moral, corrupta, criminal, abusiva etc…. La sometieron a tal hostilidad, que no sólo renuncio a sus pretensiones, también a la política y posiblemente no regrese al país; otros ex secuestrados que tenían pensado demandar se lo están pensando muy bien antes de hacerlo. Muchos estarán satisfechos con el desenlace, yo no; Es legitimo considerar que pedir ocho millones de dólares al estado es absurdo por la desproporción (un Tribunal de Justicia y Paz resolvió que el monto máximo de indemnización al que podían aspirar las familias de las personas asesinadas en la masacre de Mampuján sería de 240 millones de pesos por núcleo familiar), porque fue ella irresponsable, porque es ingrata, porque le salen arrugas como cualquier mortal etc… pero también lo es exigirlo, así lo establece la constitución. En la posición de Betancourt, también habría demandado considerando los ingresos que dejó de percibir al estar secuestrada y un monto adicional por perjuicios morales (que no son cuantificables, pero por no haber otra forma de indemnizar a la víctima se hace con dinero). Es un derecho de doña Ingrid demandar y el deber de un juez establecer si son procedentes sus peticiones. Y claro columnistas, políticos y ciudadanos corrientes opinar, pero sin amenazas, ni violencia teniendo en cuenta que es un deber acatar lo estipulado por la ley y por quienes cumplen con interpretarlas.
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